viernes, 17 de julio de 2009

LA DESENCARNACIÒN PARTE 1


LA DESENCARNACIÒN

El siguiente texto ha sido extraído del libro “El Ángel y el Brujo”, de Dr. David Navarro Cavallini, si bien es tal vez un poco complicado para quienes comienzan en estos temas, creo que es “entendible” y explica de manera muy clara que nos espera a todos al momento de dejar este “Cuerpo de Barro” y renacer en el espíritu, no menciono la palabra “Muerte” ya que esta no existe realmente jamás ha existido, somos seres eternos, siempre lo hemos sido. Solo cambio el “envase” vida tras vida. (Escaneado por Marcelo Jimenez).

Como decíamos, después de la desencarnación, el ser humano pasa a vivir en el mundo invisible mediante su cuerpo etérico; pero en el mismo momento del fallecimiento, se produce un estado de conciencia muy especial, que es una conciencia de memoria retrospectiva, durante la cual el alma se retrotrae a la vida que acaba de dejar; hace un repaso de todas sus acciones de la vida terrestre, de una manera tan vivida que es como si volviera a vivir y experimentar; pero ahora con una conciencia y sensibilidad mucho más intensa. Sufre terribles remordimientos por los males que hizo; así como por los que recibió experimenta el pesar de la incomprensión ajena y el deseo de perdonar, si es bueno, o de venganza si aún el odio anida en su alma. Se comprenderá que estas intensas emociones son muy diferentes, según la clase de alma que sea. En esta memoria retrospectiva, el repaso de los acontecimientos se hace al revés, o sea, primero los más recientes, yendo hacia atrás en el pasado, hasta la infancia. Esta retrospección post-mortem dura generalmente de dos a tres días.

El fuego tiene el poder de destruir el éter químico del cuerpo etéreo del individuo; es por eso que los ocultistas recomiendan no efectuar la cremación de los cadáveres hasta el tercer día después de constatado el fallecimiento. Este consejo se da, porque muchas veces el individuo está aparentemente desencarnado, como si su cuerpo ya fuese un cadáver, y no es así; de manera que si se incinera en tales condiciones, se le ocasiona un mal, pues se le hace perder la experiencia de ese instructivo panorama retrospectivo.

El éter químico, aunque sutil e invisible, es substancia física casi tan densa, poco menos que el aire atmosférico, de mo¬do que suele ser casi perceptible. Las personas sensitivas, o quienes han practicado algunos ejercicios para ver en el éter, lo pueden percibir con cierta facilidad. De ahí que las personas desencarnadas que aún conservan su éter químico, pueden ocasionalmente ser vistas o sentidas, poco después del fallecimiento.

Después de la desencarnación, el doble etéreo se desdobla en dos formas exactamente iguales, como si el individuo fallecido se duplicara; pero una de esas formas es más densa y está compuesta por los dos éteres inferiores, vital y químico, y la otra forma del individuo es más sutil y, está integrada por los dos éteres superiores, lumínico y reflector. La primera de ellas queda abandonada y ronda en tomo al cadáver y se desintegra más o menos al mismo tiempo que el cuerpo muerto. Ese el fantasma de los difuntos en pena.

Sin embargo, no siempre ocurre de esa manera, pues en los casos de una persona que ha fallecido quemada viva, o de cremación prematura, el éter químico se destruye por el fuego y entonces el éter vital se desintegra rápidamente.

Hay otros casos, que también son numerosos, en que el doble etéreo no sé desdobla, sino que continúan los cuatro éteres unidos durante un tiempo más o menos largo, que pueden ser muchos años. Esto ocurre cuando el individuo ha tenido una personalidad muy fuerte y apegada a las cosas de este mundo terrestre. Estos desencarnados suelen rondar en torno a las posesiones que tuvieron en la vida física. Otras veces son magos negros que no quieren redimirse y tratan de ejercer un poder invisible sobre las gentes.

Hemos visto que el ente humano desencarnado, esto es, la persona cuyo cuerpo físico ha muerto, sigue viviendo invisiblemente en su cuerpo etéreo, el cual, como sabemos, está compuesto por substancia etérica, que consta de cuatro grados, o sea, cuatro éteres; mientras tanto su cuerpo carnal o visible, que ha sido abandonado por el alma, queda convertido en un cadáver, que empieza a descomponerse.

La visión del panorama retrospectivo de la existencia terrenal que se acaba de dejar, a que nos referimos anteriormente, no es de la misma duración para todas las personas. Algunos solo pueden hacer esa retrospección algunas horas; en cambio, otros efectúan un concienzudo estudio de su existencia para obtener de ella el mayor fruto de experiencia posible, demorando en este trabajo, dos o más días.

En seguida, el alma, habitando en sus cuerpos sutiles, se desliga totalmente de sus cuerpos carnales para emprender su nueva vida en el más allá. Ya hemos visto que después de la de¬sencarnación, el cuerpo etéreo se desdobla en dos: un cuerpo de substancia etérica inferior, que es una especie de cadáver etérico, el cual, por ley de afinidad, busca la proximidad del cuerpo muerto, en el cementerio; y el otro cuerpo de substancia etérea más sutil, en el cual sigue viviendo el alma humana un tiempo más. Eso es lo general; pero también dijimos que hay otros casos, de difuntos que retienen durante un período más o menos largo, la totalidad del cuerpo etéreo. Ha habido casos de desencarnados que han vivido durante siglos en ese deplorable estado de fuerte apego a las cosas terrenales, que no se resignan a abandonar.

Los desencarnados que retienen durante un tiempo su substancia etérea inferior, ya sea porque han fallecido jóvenes y alguna pasión o fuerte deseo les impulsa a mantener contacto con las gentes encarnadas, sea porque han sido víctimas de un crimen y persiguen la venganza, o por diversas otras causas, se valen de diferentes medios para alimentar su forma etérea, o cuerpo vital, con emanaciones de vitalidad de los cuerpos humanos y animales, principalmente, emanaciones de la sangre de las matanzas, así como también de las efusiones vitales que se producen en los vicios y libertinajes, en las tabernas y en los lupanares, así como también, aunque en menor grado, en que se traducen en las imágenes más o menos deformadas o disfrazadas de los sueños o ensueños.

En cambio, como ya hemos visto, el fallecimiento o desencarnación es una separación total de los cuatro éteres, que abandonan definitivamente el cuerpo carnal y le dejan entregado a la descomposición. El doble etéreo se retira juntamente con los otros cuerpos más sutiles. Recuérdese que el doble etéreo es un duplicado del básico; o sea, tiene la misma forma que el cuerpo carnal, aun cuando algunos milímetros más grande. De este modo, el individuo desencarnado, el difunto, conserva la misma forma corporal que tenía cuando era viviente en este plano químico visible, aunque ahora pasa a ser invisible para los encarnados en vigilia. Se llama vigilia el estado de conciencia que tenemos mientras estamos despiertos en este plano terrenal visible.

Los desencarnados que retienen durante un tiempo su substancia etérea inferior, ya sea porque han fallecido jóvenes y alguna pasión o fuerte deseo les impulsa a mantener contacto con las gentes encarnadas, sea porque han sido víctimas de un crimen y persiguen la venganza, o por diversas otras causas, se valen de diferentes medios para alimentar su forma etérea, o cuerpo vital, con emanaciones de vitalidad de los cuerpos humanos y animales, principalmente, emanaciones de la sangre de las matanzas, así como también de las efusiones vitales que se producen en los vicios y libertinajes, en las tabernas y en los lupanares, así como también, aunque en menor grado, en cualesquiera otros sitios de diversión en donde se excita !a sensualidad licenciosa.

Por las razones expuestas, poco después de la muerte o mucho tiempo más tarde, según el caso, el doble etéreo se desintegra totalmente; pero antes de que esto ocurra, el cuerpo astral asume la forma física, aunque invisible para nosotros. Recordemos que el cuerpo astral, llamado también cuerpo de deseos, durante la vida física del individuo no tiene la forma del cuerpo carnal, sino que es solamente un aura radiante, de forma ovoide, un poco más grande que el cuerpo físico, el cual está dentro de ella. Los colores de esa aura radiante son variables, están cambiando continuamente, y de este modo reflejan las emociones, pasiones, sentimientos y deseos del individuo.

Eso cambia en cuanto el individuo desencarnado se despoja de su cuerpo etéreo y entonces el cuerpo astral asume la forma que tenía el cuerpo físico cuando estaba vivo. Así, pues, cuando se habla del cuerpo astral de un desencarnado, es diferente cuando se alude al aura astral de una persona de este mundo físico.

En otras palabras, después de la muerte, pasado un tiempo, la substancia del cuerpo etéreo se deshace o disgrega y se esparce en el espacio de la región etérica del Mundo Físico, menos el átomo simiente etérico, el cual sigue siempre ligado al Ego; y entretanto, el cuerpo astral adopta la forma que tuvo el cuerpo físico al final de la existencia terrenal, o sea, de persona anciana, madura o juvenil. Los niños están en una situación diferente, pues no siguen el curso corriente de la desencarnación, sino que, tras un breve lapso de descanso y después de algunos arreglos o ajustes que los Ángeles del Destino le hacen al cuerpo etéreo infantil, el niño retorna a la vida física, o sea, renace dentro de muy poco tiempo.

Una vez que el individuo desencarnado se ha despojado de su cuerpo etéreo y pasa a vivir en su cuerpo astral, pierde el contacto vital directo que antes podía mantener con las personas de este plano físico, pues le falta el instrumento o medio para establecer dicho contacto; pero puede lograrlo por intermedio de un 'médium", que es una persona viviente, dotada de una calidad especial de substancia etérica, que le permite, durante el sueño magnético, servir de intermediario para que se manifieste un ente astral.

El cuerpo astral del desencarnado está dotado de aura mental y causal, que le permiten continuar pensando y conociendo, a la vez que adquiere nuevas experiencias de la vida en ese mundo sutil.

Como los individuos son, en esta encarnación, buenos o malos, justos o injustos, puros o impuros, así también después que desencarnan sus cualidades, buenas o malas, forman parte de la naturaleza o substancia de su cuerpo astral. Es por esto que no todos los difuntos van a parar a la misma región astral, sino a la que esté en concordancia con la naturaleza de sus deseos, pasiones o sentimientos.

La substancia del cuerpo astral del difunto experimenta un gradual mejoramiento en el Mundo Astral, después de algunos años de purificación, aun cuando conserva los rasgos de la personalidad que tuvo en su vida física.

La permanencia del hombre como ente viviente y habitante del Mundo Astral, es variable, pues depende de la calidad de su naturaleza afectiva y anímica, o sea, de la mayor o menor pureza de sus afecciones y deseos. Todos los factores anímicos de la vida humana se hacen presente entonces para condicionar o determinar la clase y calidad de existencia que el desencarnado ha de vivir en ese mundo invisible, durante un período que puede ser brevísimo para los que vivieron en santidad o en sacrificio, o de siglos para los que existieron entregados a tenebrosa perversidad. Entre estos extremos, hay numerosas variedades.


En el individuo inferior, que llevó una conducta depravada, viciosa o delictuosa en este mundo físico, su calidad astral es impura o grosera. Por lo mismo, al llegar a vivir en el astral, por ley de afinidad se atrae las deleznables y oprobiosas con condiciones de existencia que corresponden a los grados más bajos del Mundo Astral.

Hemos dicho que cada mundo o plano de existencia, se divide en siete grados de materia o subplanos. Los tres grados inferiores de la materia astral constituyen una región repulsiva, donde las vibraciones corresponden a sensaciones o deseos de maldad, vicio y degeneración, podredumbres mefíticas y horribles visiones. Lo que el alma sufre en la parte más baja de ese mundo, es indecible. La región formada por los tres subplanos inferiores, es lo que constituye el "purgatorio", donde el alma humana va a sufrir y purgar sus culpas.

Sin embargo, se comprende que esa purificación en el Purgatorio, no es total, pues si así fuese, el alma purificada se liberaría de toda culpa y no volverla a reencarnar, con lo cual se frustraría el propósito de la evolución terrestre de la humanidad. El alma experimenta una gradual purificación relativa al mundo o plano en que habita, solamente en cuanto le es necesaria para ascender a un plano o subplano más elevado; pero si pudiese liberarse, se detendría su evolución en lo concerniente al perfeccionamiento de la vida consciente en este plano físico.

Por lo general, el hombre es una mezcla de bien y mal; pero la semilla divina, que se halla oculta en la raíz, del alma humana, hace que ésta sienta, en mayor o menor grado, una inclinación al bien, la cual está destinada, salvo excepciones, a triunfar sobre la tendencia maligna. Por eso se dice que el bien es más duradero que el mal. Esto no es estrictamente correcto, pues el bien y el mal coexisten, como los dos polos éticos de la naturaleza anímica; y esta polaridad se manifiesta solamente en los tres mundos inferiores: mental, astral y físico. En los mundos espirituales: supermental, espiritual, monádico y divi¬no, la polaridad moral no existe, ha sido disipada, superada; por lo tanto, allí han desaparecido los conceptos del bien y del mal. Aún estos conceptos ya han sido disipados y superados en la región mental abstracta o plano causal, esto es, en la región mental superior donde brilla la inteligencia pura.


Free Counters Counters