viernes, 18 de septiembre de 2009

Abduccion - Pier Fortunato Zanfretta - Italia

Un clásico de la ufología italiana

Pier Fortunato Zanfretta y su experiencia

Pier Fortunato Zanfretta, guarda nocturno genovés, al final de los años '70 alcanzó el ápice de la crónica italiana por una serie de secuestros efectuados por seres extraterrestres. Sobre esta increíble historia no sólo se hicieron investigaciones conducidas por carabineros, sino qué, también la Fiscalía de Genova abrió un expediente. Hoy, a distancia de años, desde la última vez que se había presentado en un medio de comunicación, Zanfretta, es invitado nuevamente a la televisión para contar por enésima vez –según él mismo- su amarga y terrible experiencia.

En el 2008, en un mundo radicalmente diverso de aquél de un tiempo: un mundo mucho menos impetuoso y torvo, sobre todo, menos despiadado y más meritocrático que el de ahora. De aquél queda bien poco o casi nada, en cuanto a profesionalidad se trata, obviamente. El hecho es que, cada vez y más a menudo quien mira la televisión asiste a espectáculos (miscelanéos, magacín, reality show, etc.) dónde la “vulgaridad” ya no es una excepción, más bien parece constituir ese infaltable “toque” para así poder alcanzar mayor audiencia.

En febrero (2007) se anuncia en un seguido programa televisivo italiano, “ Il Bivio ”, la presencia de Pier Fortunato Zanfretta , quien hablará acerca de sus inexplicables casos de abducción y de como vive hoy en día aquellas extraordinarias experiencias. Una inmejorable oportunidad para quienes seguimos estas temáticas; sobretodo como el del “caso Zanfretta” que ha siempre producido tanta discrepancia.

Sería importante antes de narrar los hechos acontecidos en aquél programa, recordar que fue lo que le sucedió al Sr. Zanfretta en diciembre de 1978.

Zanfretta y el conductor del Il Bivio

En la fría noche del miércoles 06 diciembre del 1978, Zanfretta estaba de servicio con su auto en el sector de Torriglia; una localidad en las alturas de Genova. Eran las 23.30 cuando el vigilante embocó la desviación que desde la carretera nacional 45 conduce hasta Marzano. El vigilante recorrió la calle que lleva al centro del país y desde ahí, continuando, se dirigió hacia la mansión de un notorio médico genovés. Había casi llegado cuando, un poco antes de afrontar la última curva, el motor y los faros de su auto se apagaron. Fue justo en el momento en que decidió bajarse del vehículo cuando, a la distancia, vió en el jardín de la mansión cuatro luces que se movián distintamente. Olvidándose en ese momento del automóvil, tomó su radio para comunicar a la central operativa del instituto de vigilancia lo que se aprestaba a hacer, pero la radio tampoco funcionó. De consecuencia empuñó su pistola calibro 38 especial y con la linterna apagada en su mano izquierda, se comenzó a acercar a la mansión. Zanfretta entró, se apegó de espaldas contra el muro divisorio y lentamente fue acercándose hasta la esquina. La idea, seguramente, era aquella de sorprender a quienes fueran los que estaban en el jardín, quizás ladrones, había pensado. En cambio, grande fue la sorpresa y asombro cuando se sintió tocar las espaldas. En un rápido reflejo, con la linterna encendida y la pistola apuntada lista para disparar, se dió vuelta, mas el haz de luz no iluminó a una persona.
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Zanfretta, al día siguiente al ser interrogado por el brigadier de carabineros Antonio Nucchi, comandante de la estación de Torriglia, le narró, aún bajo estado muy nervioso, de haber iluminado “un ser gigante, alto más o menos tres metros, con la piel ondulada como si fuese gordo o con un traje de color gris, ojos amarillos con forma de triángulo, venas rojas en la cabeza, ojeras puntiagudas y manos con dedos de uñas redondas”.

Zanfretta, al día siguiente al ser interrogado por el brigadier de carabineros Antonio Nucchi, comandante de la estación de Torriglia, le narró, aún bajo estado muy nervioso, de haber iluminado “un ser gigante, alto más o menos tres metros, con la piel ondulada como si fuese gordo o con un traje de color gris, ojos amarillos con forma de triángulo, venas rojas en la cabeza, ojeras puntiagudas y manos con dedos de uñas redondas”.

Mientras Pier Fortunato continuaba a gritar por la radio, de repente una grande luz triangular se levantó desde atrás de la casa. Zanfretta más tarde la describe como un disco super luminoso y mucho más grande que la misma mansión. La luz lo encandiló a tal punto qué debió protegerse los ojos con los brazos. Acto seguido, sintió un grande silbido y con una aceleración fantástica, el aparato se perdió en el cielo.

Más tarde, sobre el terreno donde estuvo detenido el misterioso objeto, los carabineros descubrieron una huella semicircular que en sus relaciones la definieron como “la huella dejada por helicóptero o algo muy grande que se apoyó sobre el césped adyacente a la mansión”.

Para cuando los colegas de Zanfretta llegaron al lugar de los acontecimientos, encontraron al vigilante desmayado a un costado de la casa en fuerte estado de shock. Mientras se lo llevaban de ahí no paraba de repetir; “los he visto..., los he visto” . Cuando los carabineros indagaron sobre los hechos ocurridos encontraron otros 52 testigos, los que confirmaron a los uniformados que a esa hora y en aquella zona, notaron la presencia de un gigante objeto volador de forma plana y triangular que emanaba una intensa luz que variaba del blanco al rojo.
El viernes 8 de diciembre, el diario “Secolo XIX” salió a la venta con el título: “Encuentros cercanos en Torriglia” . Fue así que el mundo se enteró de los acontecimientos del “Guarda nocturno que había visto seres alienígenos”. Rápidamente, la noticia se comenzó a difundir en un clima de curiosidad y divertido escéptisismo entre la gente y periódicos de la ciudad de Genova. Más la extraordinaria aventura de Zanfretta y presuntas criaturas extraterrestres era sólo al inicio. Ésta, seguiría adelante hasta mediados del 1980, dejando a Zanfretta con una tarea por cumplir para el futuro cuando, nuevamente, estos seres se volverían a encontrar con el vigilante.

La tarde del 23 de diciembre, Zanfretta accede de someterse a la hipnosis regresiva, la que fue efectuada por el médico genovés Mauro Moretti. La hipnosis, en efecto, era por aquellos años uno de los métodos más usados en ufología para hacer revivir experiencias pasadas. Hoy, en cambio, muchos son los ufológos que piensan que esta metodología no es científicamente fidedigna y por ello debería ser excluida en la investigación sobre casos de abdución. El resultado de aquella sesión -la cual fue justamente registrada-, para todos los allí presentes fue desconcertante.

En los siguientes días, mientras se estudiaba y analizaba lo narrado por Pier Fortunato, este último nuevamente desapareció: era la noche entre el 27 y 28 de diciembre. “estoy envuelto por una espesa niebla y no veo nada, el auto está andando por su cuenta y, sin poderlo controlar, aumenta la velocidad. No sé qué hacer!”. Eran las 23:46. Cuatro minutos más tarde Zanfretta llama nuevamente a la central. Esta vez su voz era más serena, casi obediente. “El vehículo se ha detenido, veo una grande luz. Ahora me bajo del auto”. El automóvil en el cual viajaba fue encontrado después de una hora de busqueda en un calvero de la calle de montaña que lleva al poblado de Rossi. La primera persona que vió al vigilante fue el brigadier Travenzoli. Tiritaba y lloraba. “Dicen que me quieren llevar. ¿Qué va a pasar con mis hijos? No quiero, no quiero...”. Lo más extraño era que, si bien, hacía frío y llovía, el hombre tenía su cara y su ropa totalmente secas! “Desde la nariz hacía arriba –explicó el brigadier- era caliente. Las orejas las tenía encendidas de lo rojas que eran”. Además, el techo del auto en el que viajaba Zanfretta, quemaba como si hubiese estado sometido a un fuerte calor. Al lado del automóvil, claras y gigantes huellas, largas 50 centímetros como de una suela cóncava.

Todos estos elementos y antecedentes formaron parte de la “Relación de Informes acerca de la observación de Objetos Voladores No Identificados (OVNIs) y seres humanoides por parte del sr. Pier Fortunato Zanfretta” que el brigadier Antonio Nucchi, envió el 3 de enero de 1979 a la pretura unificada de Genova para que fueran tomadas las correspondientes medidas. Sucesivamente, dicha relación pasaría por manos del procurador Luciano Di Noto, que por competencia lo pasó al juez Gian Rodolfo Sciaccaluga. Luego, llegó a las manos del juez Russo, quien, un año más tarde, lo haría archivar con el número de registro 203 por “ mancanza di estremi di reato ”.

Por otra parte, el mismo comando de carabineros había tomado la disposición de informar el Ministerio del Interior y los altos comandos militares con dos telex; mandados respectivamente el 8 de diciembre y el 28 de diciembre de 1978. En los mensajes, según las fuentes oficiales de la época, el grado de credibilidad de los eventos descritos, había sido calificado de “bueno”.

Después del segundo “encuentro cercano” más de alguien comenzaba a pensar si Zanfretta estuviese en condiciones normales de mente, o quizás no. Para proteger su prestigio, el instituto de vigilancia lo mandó en más de una ocasión a la consulta personal del doctor Giorgio Gianniotti, docente en neurología, especialista en enfermedades nerviosas y mentales.
El 31 de enero de 1979 el médico profesional Gianniotti extendió su opinión a través de un certificado entregado al instituto interesado, en el que se redactaba lo siguiente:

“Bajo la petición de la dirección del instituto de vigilancia del cual depende, en fecha 28 y 30 de diciembre, he visitado el sr. Zanfretta Fortunato, 26 años, de profesión guarda nocturno, que me ha sido renviado en fecha de hoy para ser nuevamente sometido a una visita neuropsiquiátrica. Como en las visitas precedentes, he encontrado el sr. Zanfretta en perfectas condiciones psíquicas y neurológicas. El paciente no presenta alteraciones del pensamiento ni disturbos psicosensoriales, y normal es su capacidad volitiva y crítica lógica.” Más adelante el certificado conclude:

“Por lo cual, retengo Zanfretta idóneo a su trabajo de manera incondicional, y no necesita de períodos de observación ni mucho menos de consejos terapéuticos”.

La opinión profesional del doctor Giorgio Gianniotti, referida al estado mental de Zanfretta, causó gran revuelo ya sea entre el público que seguía el acontecimiento que entre las fuerzas del orden.

Mientras tanto, el “caso” comenzaba a salir fuera de los límites de Genova. La gran divulgación de éste, es atribuida al conductor Enzo Tortora, quien es el primero en invitar a Zanfretta a participar en una trasmisión televisiva. Para la importante ocasión el conductor también había solicitado la participación de Cesare Musatti, octogenario padre de la psicoanálisis italiana. El doctor Musatti, luego de haber asistido, en directa, a una hipnosis. Delante a las telecamaras declara abiertamente qué para él Zanfretta era en buena fe aunque si era difícil distinguir la realidad objetiva de aquella subjestiva. Al mismo tiempo, la prensa extranjera también comenzaba a prestar interés por la historia del guardia genovés: el semanal nordaméricano “National Enquirer” le dedicaría tres artículos y una portada.

Es en este clima que se encontraba todo el mundo, cuando la tarde del 30 de julio 1979, el guardia vuelve a ser víctima de una tercera “Abducción”. Esta vez estaba de servicio con un scooter en la zona de Quarto, Genova. Sobre los montes, a las afueras de la ciudad dados los precedentes, ya no lo mandaban. Sin embargo, volvió a desaparecer siendo encontrado sólo después de dos horas, sobre la cima del monte Fasce, a las espaldas de Genova. Considerando que la única vía para acceder a dicho monte era patruyada, y por ahí Zanfetta no pudo haber pasado, se preguntaba como entonces él hubiese hecho para llegar hasta allá arriba. Nuevamente, la respuesta fue buscada con la hipnosis.

Para esta ocasión, Zanfretta es llevado al Centro Internacional de Hipnosis Médica y Psicológica de Milán, donde el médico profesional Marco Marchesan, bajo la petición del mismo Pier Fortunato, fue sometido al Pentothal, el también llamado “suero de la verdad”, ésto, en respuesta a algunas polémicas que nacieron sobre la trasparencia en el uso de la hipnosis. Zanfretta no solamente confirmó todo lo que antes había dicho, también agregó que la última vez había sido “levantado” por una luz verde que lo había transportado hasta la nave de los alienígenas.

Para el ya malmirado vigilante las aventuras, con presuntos seres de otros mundos, aun no llegaban a un final. Es así que, a las 22:30 del 02 diciembre del '79, este malaventurado hombre desaparece nuevamente mientras se encontraba en su auto (Autin-Mini) en los alrededores de Genova. En aquella ocasión otros cuatro guardias (compañeros de Zanfretta) vieron distintamente el ovni. En efecto, según lo narrado por uno de ellos, desde una nube detenida en el cielo, de repente se encendieron dos faros que iluminaron a los vigilantes mientras buscaban a su compañero. Tal episodio ocurrió sobre los montes cerca de Torriglia (a las afueras de Genova). El teniente Giovanni Cassiba, jefe de turno, descargó el cargador de su pistola en contra de los faros.
En la sucesiva hipnosis Zanfretta narró de haber sido secuestrado y llevado hasta el mismo “ovni”. Incluso, con el propio auto. He aquí, que “hablando” con sus interlocutores, a un cierto punto dice: “¿...Dónde fueron? ¿Y para hacer qué cosa en España? ¿Por qué? ¿Más todos juntos? ¡Así asustan la gente!“.

A la mañana siguiente, martes 04 diciembre 1979, la Agencia Internacional Ansa trasmitió a todas las redacciones de los diarios italianos el siguiente flash:

“(Guadalajara-España) Un veterinario español ha afirmado de haber sido seguido por un objeto volador no identificado (UFO) mientras se encontaba manejando su vehículo en las cercanías de Guadalajara, a unos cincuenta kilómetros de Madrid. Según su testimonio Alfredo Sanchez Cuosta ha avistado, entre la noche del sábado y madrugada del domingo pasado, un Ovni que ha seguido su automóvil. Luego lo ha superado para colocarse a unos 15 metros arriba de éste. Enceguecido por el fuerte destello amarillo, que provenía del aparato, Sanchez a un cierto punto perdió el control del auto saliéndose de la calle. Según el veterinario, el Ovni se alejaba de la ruta seguida por el automóvil cuando éste debía atraversar las aldeas”.

¿Mensaje confirmado o demasiada coincidencia? Lo cierto es que para muchos siempre quedará la duda.

El 14 de febrero, Zanfretta volvió a desaparecer. Más esta vez hubieron testigos. Un campesino que vive en las cercanías declara de haber visto una grande masa luminosa “parecida a balón de rugby” . Mientras el vigilante venía hallado a orillas de un barranco, en un fuerte estado de shock y casi congelado. En aquella ocasión, del estado y lugar en cual fue encontrado Zanfretta, se encontraba como testigo el periodista Rino di Stefano, quien más tarde escribiría un libro sobre lo acontecido al desventurado vigilante.

En la siguiente sesión de hipnosis se reservaron nuevas novedades. En efecto, entre el asombro de los presentes, en un determinado momento el guarda nocturno, en hipnosis profunda, comenzó a hablar un idioma desconocido:

“Ei qui snaua... si naila….isne gue… il se lai…go que ti snau exi que… shi nis que ixi kai snode…. Quisnauag the… aiex pishinau kep na…tei sdei…”.

Zanfretta bajo una de las muchas hipnosis

La última desaparición, podríamos decir, “oficial” de Zanfretta data del 13 agosto 1980. Pero esta vez estuvo tan observado que no logró “encontrarse” con los presuntos seres extraterrestres. Interrogado en continuación por el doctor Moretti, Zanfretta respondió de este modo: “Pregunta con respuesta negativa, tixel”. Inútil resultó cada esfuerzo de ir más allá en busca de más respuestas: el vigilante estaba absolutamente fuera de cada posible control hipnótico.

A causa de sus aventuras nocturnas, el jefe de policía de Genova suspendió sin justas motivaciones el permiso de armas a Zanfretta. Se lo devolvieron, nuevamente cuando éste recurre a un abogado. Más, él ya, desventurado vigilante se siente demasiado cansado. Con el pelo completamente canoso en el giro de un par de meses. El 10 de diciembre de 1982 Pier Fortunato Zanfretta deja el trabajo de vigilancia nocturna por el de almacenero. Pero no mucho tiempo después siente la nostalgía por su pasado oficio, y el 01 diciembre del 1983, viste nuevamente el uniforme de vigilante en el mismo instituto. Afirmando a la prensa que de Ovni ya no quiere hablar más, ni saber nunca más. Más las cosas para Zanfretta no se darían realmente de ese modo.

Fuente: Archivos del investigador italiano independiente, Paolo Troise.

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